Home

“En la salud y la enfermedad” es una frase que no lleva más de tres segundos en pronunciarse; el reto está en cumplir la promesa con el paso del tiempo

 

Mi matrimonio no es normal, si por normal se entiende todo aquello que ocurre de manera habitual o se hace y presenta con frecuencia.   A más de 23 años de casado, después de siete años y medio de noviazgo, puedo afirmar que me siento pleno en mi condición de esposo y padre de familia.

Cuando era niño no recuerdo haber escuchado con tanta frecuencia como ahora que algún matrimonio conocido llegara a su fin.  Las familias rotas son un tema de todos los tiempos, sin duda; pero ya sea por no haber estado atento a ello, a que quizás se ocultaba más o porque tal vez en realidad – sea cual fuera la razón – no ocurría tanto como ahora; hablar de divorcios, infidelidades o violencia intrafamiliar no formaba parte de las conversaciones cotidianas.  Desde hace varios años y de manera creciente; sin embargo, amigos, personas cercanas e incluso familiares han estado envueltos en relaciones de pareja sumamente complicadas, en donde no únicamente se vive la indiferencia, sino la violencia en todas sus expresiones.  No es mi caso.

Con el paso de los años mi compañera de vida ha sabido ser paciente, amorosa, ingeniosa, divertida y perseverante. Ha decidido quererme por sobre todos mis defectos (porque el amor puede ser un sentimiento al inicio; pero después es una decisión, un ejercicio diario y consciente de inquebrantable voluntad). No puedo negar que también he puesto de mi parte; no podría ser de otra manera si en realidad deseo (como lo deseo) cruzar con ella todo el camino.  Claro que hemos enfrentado obstáculos, pero no estamos dispuestos a rendirnos.

La ganancia es doble (triple, o aún más) cuando pienso en quienes vienen detrás (a un lado, en realidad): mi hija, mis hijos.  Aunque mi esposa y yo nos queremos por el simple hecho de ser, es innegable que a la vez estamos construyendo en nuestros hijos un modelo de matrimonio; de familia: una familia en la que se respeta la manera de pensar de quienes la integran; en donde crecemos juntos, en armonía y solidaridad; que se apoya en las malas y disfruta las buenas; en la que estamos orgullosos de cada uno y una de sus integrantes; un matrimonio en el que aún existe una rosa en la mesa de noche, un beso en la mejilla mientras duermes; en que los esposos caminan de la mano, sin el mayor reparo en mostrarse cariñosos a la vista de todos; en el que él se encuentra en los ojos de ella, y ella vive en el corazón de él: un matrimonio que trascenderá generaciones por más anormal que esto parezca.

 

Anuncios

2 pensamientos en “Anormal

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s