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Paisaje

había fiesta con sólo mirarte; y papalotes, confeti y fuegos artificiales cuando tú me mirabas

 

Muy alta, no eres; pero eres enorme; siempre lo fuiste, y sospecho que así seguirás: no tiene remedio. Recuerdo que, muy joven, en algún lugar leí al poeta afirmar: “antes de conocerte, ya te imaginaba”.  No lo entendí entonces, pero lo entiendo ahora; desde que te encontré en ese grupo de catecismo y en el coro del templo, en donde cada domingo había fiesta con sólo mirarte; y papalotes, confeti y fuegos artificiales cuando tú me mirabas; y, antes de hacerlo, de hablarte siquiera, ya te había besado mil veces, abrazado otras tantas; nos casamos y tuvimos hijos, y una familia maravillosa. ¿Quién hubiera pensado que luego el tiempo terminaría por convertirlo todo en realidad?

Así es; tú en mis ojos eres más de lo que crees, de lo que puedes imaginar. Eres la risa interminable que rompe tu sueño de manera inesperada; la solidaridad y la alegría; la defensa inquebrantable de los derechos de la mujer, sobre todo de la que sufre abuso y no le permiten florecer; eres la pasión inesperada, la reflexión dirigida; el amor incondicional de una leona con sus cachorros, que les permite volar para encontrar su propio cielo; eres tormenta y manantial, puesta de sol, pensamiento perenne; la que tiene tantas historias que contar; la que me impulsa, tolera y abraza; la que prefiere dormir con mi mano atrapada en la suya; la que siempre está, la que siempre estará.

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