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“I have a dream that my four little children will one day live in a nation where they will not be judged by the color of their skin but by the content of their character. I have a dream …”

Hoy despertamos con la noticia de que Donald Trump es el presidente electo de los Estados Unidos.  Como si de una noche desenfrenada se tratara, el malestar y la confusión ha llegado prácticamente a todo el mundo y la resaca, en el mejor de los casos, durará por lo menos los siguientes cuatro años. Resulta imposible predecir su impacto, pero es un asunto de pronóstico reservado.

Hace medio siglo, Martin Luther King Jr. reunió a decenas de miles de personas frente al monumento de Abraham Lincoln, en Washington.  Lo hizo en una época en la que no existía el Internet y las redes sociales, pero sus ideales y carisma  lograron contagiar y mover gente de todo el país. Su discurso exaltó la importancia de generar un cambio social a partir del reconocimiento del otro, la promoción de los derechos y  la igualdad de las personas (“I have a dream that one day this nation will rise up, live out the true meaning of its creed: We hold these truths to be self-evident, that all men are created equal”).

Cuando hablamos de un líder, pensamos en quien logra motivar a otros a que le sigan, que influye en ellos para pensar y actuar a favor de una idea, de un proyecto.  Por lo tanto, pensamos que el término líderazgo tiene connotaciones positivas por definición; sin embargo, también existen líderes que arrastran multitudes al abismo: pensemos en Hitler y otros tantos, comparación pertinente ante los últimos acontecimientos.

Simon Synek (1) afirma que las personas siguen a los líderes no por lo que hacen, sino por lo que piensan. Considera que están con él porque cree en lo mismo que ellos; y eso es, en buena medida, lo que hay que lamentar de los resultados en las votaciones de los Estados Unidos; proceso que estuvo a la altura del más deplorable reality show en el que el sistema electoral del país más poderoso del mundo permitió a los bullies, racistas, misóginos y carentes de toda ética; así como a quienes piensan que las personas de raza negra, musulmanes y latinos son infrahumanos y criminales, colocar en la presidencia a un personaje odioso, alguien hecho a su imagen y semejanza: votaron por el espejo retrovisor; por el regreso al odio y la segregación racial.

El sueño tendrá que esperar; veremos cómo resulta la pesadilla.


Imagen de cabecera: “Éxodo”; del Blog de Mariángeles Abelli Bonardi (https://mariangelesabelli.blogspot.mx/2016/04/exodo-en-mifiti-macrojusta-literaria-en.html)

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Un pensamiento en “I had a dream

  1. “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos” Porfirio Díaz
    Tiene razón doctor pero ex buen momento para sacudir nuestra dependencia

    Le gusta a 1 persona

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